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La debilidad del hombre

“El hombre fue creado débil (en debilidad)” (4, 28). Esta aleya del Corán, que en el árabe original es de sólo tres palabras, es una de las aleyas que más me ha impresionado desde siempre, una de esas aleyas que ha quedado grabadas en mi corazón desde el primer día que la recité, una de esas aleyas que, dependiendo del momento en el que la mencione, me aporta un sentido u otro, una de las aleyas que, personalmente, considero es uno de los grandes secretos y realidades del Corán.

Esta aleya muestra la naturaleza del ser humano: una naturaleza débil, el ser humano es débil, somos débiles. Esto es así y no lo podemos cambiar, es una realidad. Ahora bien, lo que debemos saber, es que Quien nos ha creado débiles conoce nuestro estado, conoce nuestra realidad y por eso, en Su inmensa generosidad y misericordia, nos da medios y herramientas para hacernos cada vez más fuertes y así, poco a poco, ir luchando contra nuestra debilidad para sustituirla por fuerza y afirmación.

Somos débiles, y nuestra principal debilidad se muestra en que necesitamos de Allah; a pesar de que se intente negar, a pesar de que creamos que somos capaces de todo, a pensar de que imaginamos que no tenemos necesidad de nadie, esto no es más que una falacia y una falsedad. Necesitamos a Allah porque Allah no depende de nada y de Él todo depende, es el que no necesita de nada y al que todos necesitan; sin Él no estaríamos aquí, sin Él nada ocurriría; esta es nuestra realidad, una realidad que debemos afianzar en nuestro corazón, una realidad de la que debemos impregnar todos nuestros sentidos y estados. Y esto es, ciertamente, lo que afirmamos cada vez que decimos: La ilaha illa Allah.

Este es el primer paso para crecer, para fortalecernos: reconocer que todo depende y viene de Allah. Y ¿qué es esto? Es el Imán, es la creencia, es la fe. Es confiar en Allah, es dejar nuestras asuntos en manos de Allah, es entregarnos a Él, es buscar Su complacencia y aceptación por encima de la de la gente, es ser consciente de que Allah está con nosotros en todo momento y situación, de que todo lo que ocurre, por duro y difícil que sea para nosotros, es porque Allah así lo ha querido y decretado; ¿y acaso vamos a cuestionar a Allah por lo que hace? A Él no se le pedirán explicaciones de lo que hace, pero ellos sí serán preguntados”. (21, 23).

Este es el primer conocimiento, este es el primer paso; conocer a Allah, conocer Sus Nombres y Atributos, conocer Su Esencia y Su Poder. Y por eso Ibn ‘Ashir, que Allah esté complacido con él, dice: “La primera obligación para toda persona, legalmente responsable (mukallaf) que tiene la capacidad de reflexionar, es conocer a Allah y a Sus Mensajeros con los atributos establecidos en las aleyas”.

¿Y por qué es tan importante este conocimiento? ¿Por qué este conocimiento es el primero? Porque nos da fuerza, porque nos fortalece, porque establece en nuestro interior las bases necesarias para poder construir sobre ellas, porque nos da la confianza necesaria para seguir creciendo. El que posee este conocimiento es feliz en esta vida porque sabe que Allah es su Guardián y su Protector, porque sabe que Allah lo vigila y lo ampara; y al saberlo, (y este es el resultado de una ‘aqidah correcta, de un Imán fuerte y limpio) no tiene necesidad de nada ni de nadie, no va como un loco entregado a la búsqueda de su provisión, no se alegra sobremanera si alcanza un éxito, ni se entristece y se deprime si pierde algo. Sabe que está en manos de Allah y sabe que todo aquello que le ocurre es porque así Allah lo ha decretado, y entonces es capaz de estar satisfecho con ello.

 El noble Sahaba y Califa del Islam, ‘Umar Ibn Al Jattab, que Allah esté complacido con él, era conocido por su fortaleza; pero no solo poseía fuerza física, como mucha gente cree, lo cierto es que esta fuerza era secundaria en él; su verdadera fuerza residía en el Imán que tenía en Allah, en que confiaba en Allah, no tenía dudas, sabía que todo dependía de Allah. Era tal su confianza, era tal la fuerza de su ‘aquida y de su Imán, donde no había espacio para la duda, que el Mensajero de Allah, sallallahu alaihi wa sallam, le dijo en una ocasión: “Por aquel que tiene mi alma en Sus manos, que jamás se encuentra contigo el Shaytán en tu camino, sin que se desvíe hacia otro diferente al tuyo”. El Shaytán huía de Sayyiduna ‘Umar por la plena y absoluta confianza que tenía en Allah; esa era su fuerza verdadera.

Dudo mucho que nosotros alcancemos esa fortaleza en nuestro Imán; esta sociedad nos hace ver y creer que las cosas no dependen de Allah, sino que dependen de nuestros esfuerzos, de nuestro trabajo, de nuestra capacidad… Creedme, eso no es más que un espejismo, y el que lo crea es una persona con un Imán débil que debería buscar los medios para fortalecerlo.

Reflexionad sobre el conocido hadiz en el que el Mensajero de Allah, sallallahu alaihi wa sallam, habla sobre el creyente fuerte y el creyente débil, y tened en consideración que el Imán es algo que crece y mengua, es como una planta que debemos cuidar y regar para que crezca, pero que si descuidamos, irá menguando hasta desaparecer. Dijo sallallahu alaihi wa sallam: “El creyente fuerte es mejor y más amado por Allah que el creyente débil, y en ambos hay bien. Ocúpate de aquello que te beneficie, busca ayuda en Allah y no te sientas impotente; y si algo te aflige, no digas: ‘si hubiera hecho tal cosa habría pasado esto o aquello’, sino di: ‘Allah lo ha decretado y ha hecho lo que ha querido’. Porque decir ‘si hubiera’ abre la puerta a la acción de Shaytán”.

Lo hemos dicho antes, el Mensajero de Allah menciona al creyente fuerte y al débil; y no es una fuerza física, es la fuerza, la sinceridad, la pureza de tu aquida y de tu Imán. Y aunque tanto en el débil como en el fuerte hay bien, lo cierto es que el que posee un Imán fuerte es mejor y más amado por Allah. ¿Y dónde está la fuerza? ¿Cómo podemos fortalecernos? Conociendo a Allah, entregándonos a Él y actuando según ese conocimiento.

La paciencia ante la adversidad es fortaleza; la perseverancia es fuerza. No podrá soportar las desgracias sino el que es fuerte y confía en Su Señor; la misericordia con los demás es fuerza, ya que no podrá tenerla sino el que tiene un nafs desprendido; implantar la justicia, aunque vaya en contra tuya, es fuerza, ya que no podrá aplicarla sino el que posea fuerza y poder; estar satisfecho con lo que Allah ha decretado para ti es fuerza; reconocer que tu provisión está escrita es fuerza; soportar las pruebas y desgracias con entereza y confianza es fuerza; la indulgencia es fuerza; el perdón es fuerza; la amabilidad es fuerza; la gentileza es fuerza; la buena opinión, tanto de Allah como de los hombres, es fuerza; la generosidad es fuerza.

En todo esto y más reside nuestra fuerza. En el momento en el que seamos capaces de comprender que esta es nuestra fuerza verdadera, la del Imán unida a la acción, en ese momento no nos dejaremos embaucar ni engañar por esta sociedad y sus artimañas, y entonces, sin ningún tipo de duda, la victoria será para nosotros y nada podrá detenernos.

Oh Allah te pedimos que así sea. Amín

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