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Relación con Allah y con las criaturas

Musulmanes, os exhorto a que en vuestra relación con Allah tengáis Taqwa de Él, pues la Taqwa de Allah será lo que hará buenas vuestras acciones y lo que os conducirá a lo mejor de esta vida y de la Próxima.

Ciertamente la generosidad de Allah hacia nosotros no tiene límites, es constante, no cesa. Desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, y sobre todo después de ella, Allah nos da. Allah es generoso con nosotros con numerosos dones, tantos que no podemos contarlos ni enumerarlos. Entre todos esos dones hay uno que muchas veces nos pasa desapercibido y que en nuestra ignorancia no agradecemos como es debido; ese don, ese regalo, es el que Allah menciona en Su Libro cuando dice: “Allah no impone a nadie sino en la medida de su capacidad”.

Esta aleya es una muestra de Su generosidad enorme para con nosotros. Allah no nos ha cargado con un peso que no seamos capaces de soportar, no nos ha impuesto nada en Su Din que no sea imposible de cumplir; existen prohibiciones y obligaciones, pero todas ellas giran en torno a esta realidad: que Allah no impone nada que no podamos soportar. Y esta es una de las grandezas del Islam: es amplio, es fácil y es todo misericordia.

En ocasiones podemos pensar que las obligaciones de nuestro Din son difíciles de cumplir, pero esta aleya nos demuestra que no, que si Allah lo ha impuesto, si Allah lo ha decretado, si Allah nos lo ha obligado, es porque somos capaces de soportarlo. Requiere de esfuerzo, sobre eso no hay ninguna duda; requiere de implicación y de paciencia y perseverancia, pero podemos soportarlo porque Quien lo ha impuesto, Quien lo ha hecho obligatorio, es Quien nos ha creado, y el que mejor conoce nuestras posibilidades y capacidades es el que mejor conoce nuestros límites.

Lo que ocurre es que el ser humano es débil por naturaleza. Somos débiles, y esa debilidad nos lleva a relajarnos cada vez más en nuestro Din. Lo que hoy hacemos bien, mañana ─ante las dificultades de la vida, ante la situación de nuestro día a día─ lo dejamos. Y esta aleya, que es una muestra de la generosidad de Allah, es también una advertencia: Allah no nos impone nada que no podamos soportar. Ahora bien, sobre lo que sí podemos soportar nos va a pedir cuentas, por eso la aleya termina diciendo: “Tendrá a su favor lo que haya obtenido y en su contra lo que se haya buscado”.

En esta sociedad, creada para mantener el control sobre el ser humano, para dominarlo e impedirle florecer, vivimos absortos e inmersos en ella; somos bombardeados por los cuatro costados por la necesidad constante que tenemos de ella hasta tal punto que, al estar tan involucrados en ella, que al estar tan metidos dentro de ella, perdemos la noción de los asuntos, y en ocasiones se nos hace muy difícil seguir los parámetros del Islam, siempre y cuando comprendamos el Islam como un modo de vida, que va mas allá de una mera religión.

Y en medio de toda esta dificultad, de esta oscuridad, de esta opresión, de esta situación que estamos viviendo, en la que en ocasiones parece que el mundo nos aprisiona y que nos falta el aire, recibimos dos buenas noticias: la primera de ellas es que “Allah no impone a nadie sino en la medida de su capacidad”, y la segunda gran noticia, el segundo gran regalo que hemos recibido, otra de las muestras de la generosidad y misericordia de Allah hacia nosotros es que “Allah quiere para vosotros lo fácil y no lo difícil”. Esta es la grandeza de Allah; sobre estos dos fundamentos, sobre estas dos bases, se erige el Islam.

Estas bases son válidas para todo tiempo y lugar, y esto es también una muestra de la grandeza de Allah. Por un lado Allah nos exige, nos impone, nos obliga, nos llama, nos advierte, nos amonesta, nos dice: “No os desviéis”, nos dice: “Cumplid con lo que os ordeno, creed y haced las acciones de bien, esforzaos en mi camino”. Pero por otro lado conoce la situación en la que estamos, sabe de las dificultades que atravesamos y entonces nos dice: “Él os ha elegido y no ha puesto ninguna dificultad en la práctica de Adoración”.

Esto es el Islam, y qué afortunados somos de ser musulmanes. Allah nos lleva hasta el límite, las pruebas son constantes; quiere respuestas por nuestra parte que implican esfuerzo y compromiso; pero llega un momento en el que el asunto ya no está en nuestras manos, y cuando llega ese momento, lo que significa es que tú has hecho todo lo que has podido, has dado todo lo que tenías que dar, te has esforzado hasta no poder más; no te has rendido ni has abandonado al principio del camino, sino que has llegado hasta el final. Y entonces es cuando Allah te dice: “Has hecho lo que te he pedido, has cumplido con lo que quería de ti, ahora estoy complacido contigo y Mi recompensa, Mi jardín, será para ti”.

Oh Allah, te pedimos que nos hagas ser de ellos.

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Siervos de Allah, hemos visto lo que es el Islam, hemos comprobado la facilidad que encierra, la misericordia y generosidad que Allah tiene con nosotros, cómo busca siempre hacer las cosas sencillas para nosotros, sin estar exentas de esfuerzo por supuesto, pero siempre buscando la facilidad. Esto es el Islam, así es como Allah nos trata y esto es lo que Él quiere de nosotros. Siendo esto así, yo os pregunto: ¿cómo nos tratamos entre nosotros?, ¿cómo nos tratamos nosotros mismos?

Recibimos de Allah algo, una guía y un ejemplo, un modelo de comportamiento que realmente sabemos es lo mejor para nosotros; ese modelo está encarnado en el Profeta Muhámmad, salla allahu alaihi wa sallam; pero luego, nosotros, que nos llamamos a nosotros mismos musulmanes, que nos decimos ser seguidores de la Sunna, no somos capaces de hacer lo mismo, ni con los demás ni con nosotros mismos. De Allah recibimos facilidad y misericordia, y nuestro trato con la gente es de dificultad y de dureza. ¿Qué sentido tiene esto?

Continúa diciendo Allah en la aleya que estamos tratando hoy: “Allah no impone a nadie sino en la medida de su capacidad. Tendrá a su favor lo que haya obtenido y en su contra lo que se haya buscado. ¡Señor nuestro! No nos tomes en cuenta si olvidamos o erramos. ¡Señor nuestro! No pongas sobre nosotros un peso similar al que pusiste sobre los que nos precedieron. ¡Señor nuestro! No nos hagas llevar lo que no podamos soportar. Bórranos las faltas, perdónanos y ten compasión de nosotros”.

Observad, le pedimos a Allah que no tome en cuenta nuestras faltas si olvidamos o erramos. Y luego, cuando uno de nuestros hermanos comete un error, por muy pequeño que sea, sin tener el conocimiento de por qué lo ha hecho, apuntamos todos nuestros dedos hacia él y proclamamos a los cuatro vientos lo que ha hecho y empezamos a murmurar, insultándole, diciendo de él esto y esto otro… ¿Qué sentido tiene esto? ¿De dónde hemos obtenido esto? ¿Tiene esto algo que ver con lo que hemos recibido de Allah, con el comportamiento del Profeta Muhámmad, con la facilidad y la misericordia del Islam? Le pido a Allah que me dé algo, que se comporte conmigo de una manera, y luego yo no soy capaz de portarme de una manera similar -sin que por supuesto exista comparación posible con Allah- con los demás.

“Bórranos las faltas, perdónanos y ten compasión de nosotros”. Le pedimos esto a Allah, pero… ¿lo hacemos nosotros? Debemos preguntarnos: ¿borramos y ocultamos nosotros las faltas de nuestros hermanos? ¿Les perdonamos y tenemos compasión con ellos o hacemos todo lo contrario? Queremos recibir algo que nosotros no damos. Queremos que Allah nos dé algo que nosotros no somos capaces de dar… Esto es egoísmo, es una de las peores enfermedades del corazón, contra la que tenemos que hacer un gran esfuerzo de lucha, pues si no lo hacemos, nos conducirá hacia los peores caminos tanto en esta vida como en la Próxima. Y a Allah le pedimos que nos libre de ello.

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