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El árbol bueno

Hoy me ha venido a la mente unas aleyas del Corán que son un tesoro que no se agota, que por mucho que las recitemos y reflexionemos sobre ellas sus significados no cesan; y este es ciertamente uno de los milagros del Corán por el que debemos estar agradecidos, significados que no dejan de asombrarnos y que, dependiendo de nuestro estado a la hora de leerlo, nos aporta algo que antes no habíamos comprendido.

Las aleyas que han acudido a mi mente, y sobre las que he estado reflexionando, son las aleyas de la Surat de Ibrahim en las que Allah hace una preciosa metáfora del creyente y del incrédulo, una metáfora que impregna nuestras vidas y que es real, tan real como que todos hemos de morir.

Esas aleyas son cuando Allah dice: ¿Acaso no ves cómo Allah compara la buena palabra con un árbol bueno cuya raíz es firme y cuyas ramas están en el cielo? Da su fruto en cada época con permiso de su Señor. Allah pone ejemplos a los hombres para que así recuerden. Pero una mala palabra se parece a un árbol malo que está desenraizado sobre la tierra, sin estabilidad”.

En estas aleyas Allah nos habla sobre el valor de la palabra. Y ¿cuál es esa palabra? ¿Cuál es la palabra que Allah describe como buena? Según la mayoría de comentaristas del Corán, y entre ellos el conocido como el intérprete del Corán, el noble Sahaba Ibn ‘Abbas, que Allah esté complacido con ambos, se refiere a ‘La ilaha illa Allah’, no hay dios excepto Allah. Es decir, la palabra que atestigua que creemos en Allah y que el Iman está afianzado en nuestros corazones. Esta es la buena palabra, esta es, de hecho, la mejor de las palabras que pueden pronunciar nuestras lenguas.

¿Y cuál sería entonces el árbol bueno? Hay dos opiniones a este respecto, una de ellas afirma que en esta metáfora Allah se refiere al creyente, porque todo lo que surge y sale de ese árbol es bueno; porque su comportamiento es bueno, porque sus acciones son buenas, porque no causa daño ni mal a nadie, porque cumple con lo que se ha comprometido, porque honra a sus hermanos, porque quiere para su hermano lo que quiere para sí mismo, porque el resto de la gente está a salvo del mal de su lengua y de su mano; este es el creyente sincero, este es el creyente que tiene el Iman firmemente arraigado en su corazón.

La otra opinión, también válida y reconocida, afirma que la buena palabra es la creencia y el árbol bueno es la palmera. La creencia es lo que acepta el corazón y está complacido con ello, es decir el Imán, la creencia firme y sincera en Allah; esas son las raíces de la palmera cuyo tronco se eleva hacia el cielo y sus hojas van para arriba, como las acciones de los creyentes que se elevan hacia los cielos. Pero no termina aquí el asunto porque esa palmera da frutos, da una recompensa, y el creyente sincero que actúa, y sus acciones son aceptadas, obtiene también frutos; y esos frutos, son la complacencia, la aceptación y el amor de Allah.

El Imam al Qurtubi, que Allah esté complacido con él, al comentar estas aleyas, recoge un hadiz en el que el Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, dijo: “Ciertamente, el ejemplo del Iman comparado con el árbol firme es: el Iman son sus raíces; el salat es su fundamento, el zakat sus ramificaciones, el ayuno sus ramas, el buen carácter sus hojas y apartarse de lo ilícito su fruto”.

La palmera, al igual que el resto de los árboles ─ya que en esta aleya se puede referir a la palmera, así como a cualquier otro árbol, habiendo opiniones que dicen que se refiere a un árbol del Jardín y hay otras incluso que afirman que se refiere al cocotero─ tienen sus raíces firmes en la tierra, y es en la tierra donde se expanden y extienden (ese es nuestro corazón) pero precisan de un elemento que viene de arriba para que esto ocurra, que es el agua.

Es decir, interior y exterior, nuestro corazón y nuestras acciones, nuestro interior y nuestro comportamiento. Es nuestro comportamiento, son nuestras acciones lo que hacen que el Iman se extienda en nuestro corazón, del mismo modo que es el agua, con sus nutrientes y componentes, lo que hace que se extiendan y afirmen las raíces de los árboles en la tierra.

Y cuando estos dos componentes, el interior y el exterior están en consonancia, cuando están equilibrados, es cuando este árbol da sus frutos, unos frutos que son frecuentes, que acuden a nosotros en todo momento, que nos benefician en todo momento, aunque sean momentos de dificultad.

¿Por qué digo aunque sean momentos de dificultad? Porque el creyente sincero, cuyas acciones van de acuerdo con lo que hay en su corazón, en los momentos de dificultad y de prueba no se rinde, no desespera de la misericordia de Allah, tiene buena opinión de Él, y esto le da frutos en esta vida y en la Próxima, en esta vida le da tranquilidad y aceptación y en la próxima vida le hace ascender en los grados del Jardín.

Pero existe el caso contrario, el caso de aquel cuyo corazón está enfermo, cuyo interior no está impregnado del recuerdo de Allah, cuyo interior no está empapado del “agua” de Allah y cuyo exterior, cuyas acciones, no están de acuerdo con lo establecido por Allah; este es el árbol malo, que no tiene firmeza, que ni siquiera da sombra, que no produce frutos, que no beneficia a nadie.

Esta persona no es capaz de obtener ningún bien de los momentos de prueba y de dificultad y, pero aún, tampoco es capaz de obtener ningún bien de sus momentos de facilidad porque no es agradecido, porque no reconoce que es Allah el que le está dando esa facilidad; y esto es porque su corazón está enfermo, porque el Iman no está enraizado en él y porque no es capaz de actuar de acuerdo a aquello que Allah espera y quiere de él.

Purificad vuestro corazón con el recuerdo de Allah, afianzadlo con una creencia firme, sincera y pura en Allah, limpiad y proteged vuestro interior, limpiad vuestras raíces entregándoos y confiando en Allah. Y al mismo tiempo que hacéis esto, purificad vuestro exterior con buenas acciones, limpiaos con un comportamiento elevado y noble hacia los hombres, cuidad, podad y vigilad vuestro exterior, vuestras ramas, haciendo lo que Allah ama. Y una vez que lo hagáis, Allah os dará los frutos en esta vida y en la Próxima, estará complacido con vosotros y os dirá: “Entrad en el Jardín por la puerta que deseéis”. Te pedimos, oh Allah, que así sea.

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