vida

Al-Isra wal Mi’ray

Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues la Taqwa es nuestra guía en esta vida y nuestra salvación en la Próxima.

La alabanza le pertenece a Allah por habernos enviado al mejor de la creación, a Su Profeta y Mensajero, Muhámmad Ibn Abdullah, Ibn Abdul Mutalib. Un hombre como el que no ha habido otro igual; un hombre que se dedicó en cuerpo y alma a cumplir la misión que Allah le había encomendado; un hombre que se desvivió por nosotros, que se esforzó por nosotros, que se preocupó por nosotros; un hombre que superó innumerables pruebas y dificultades y que siempre se mantuvo firme y decidido a cumplir su misión, con valentía, confianza y esperanza en Allah.

El Mensajero de Allah es un ejemplo para nosotros, y lo es sobre todo en nuestros días, en los que vemos cómo nos encontramos rodeados de obstáculos y dificultades. Mucho mayores fueron los obstáculos y las dificultades que tuvo que atravesar el Mensajero de Allah y, a pesar de todo, nunca desesperó. No perdía la esperanza, no caía en la dejadez ni en la falta de ambición; se mantenía constante y confiado, lleno de pudor y de sinceridad.

Su propia gente le insultaba, le atacaba, le perseguía; pero Muhámmad se mantuvo firme. En un breve espacio de tiempo, murieron sus dos grandes protectores, su amada esposa, Jadiya, y su querido tío, Abu Talib, y, no obstante, Muhámmad, sallallahu alaihi wa sallam, preso de la tristeza, no se dio por vencido, sino que se decidió a ir a la ciudad de Taif para llamar a sus habitantes al camino de Allah; y esa gente no sólo no respondió a la llamada, sino que lo rechazaron, se burlaron de él, lo apedrearon y lo expulsaron.

Entonces, el Mensajero de Allah, totalmente abatido, pero no por sí mismo, sino porque no estaba siendo capaz de cumplir con aquello que Allah le pedía, se dirigió a Su Señor, totalmente entregado a Él, y Le dijo: “¡Oh Allah!, ante Ti me quejo de la debilidad de mis fuerzas, de mis pocos recursos y de mi incapacidad ante los hombres. Tú eres el Señor de los oprimidos y Tú eres mi Señor. ¿A quién me vas a abandonar? ¿A un extraño que me rechaza o a un enemigo que tiene poder sobre mí por Tu Decreto? Si Tú no estás enojado conmigo, nada me importa. Sin embargo, Tu protección es más fácil y preferible para mí. En la luz de Tu Faz que alumbra las tinieblas, busco refugio para que mi asunto en este mundo y en el Próximo sean rectos”.

La sunna de Allah en su creación es que tras la dificultad venga la facilidad; tras la estrechez, la apertura; tras las pruebas y la agitación, el sosiego y la calma. Con este suceso de Taif y la muerte de sus dos grandes apoyos, Allah estaba poniendo a prueba a Su Mensajero, quería demostrar a toda la humanidad la valía de este noble hombre, quería enseñarnos que no ha habido ni habrá hombre igual sobre la faz de la Tierra; y Sallallahu alaihi wa sallam respondió de la mejor manera posible. Por eso, Allah le dio la mayor facilidad, la mayor apertura, el mejor regalo posible: “¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! Verdaderamente Él es Quien oye y Quien ve” (Viaje Nocturno, 1).

Este fue el regalo que Allah le dio a Su Mensajero, sallallahu alaihi wa sallam. Con este suceso que tuvo lugar en una noche como la que vamos a vivir hoy, Allah honró y ennobleció a Su Profeta por su paciencia y por su esfuerzo, por su firmeza y su determinación, por no desesperar ni caer en la dejadez y en la desidia, ya que Allah nunca abandona a los que ponen su confianza en Él, nunca abandona a los que Le temen, nunca abandona a los que se entregan a Él: “Es cierto que Allah está con los que Le temen y con los que hacen el bien”.

Al Isra wal Mi’raŷ, el viaje nocturno y la ascensión a los cielos, fue un hecho que marcó un antes y un después en la vida del Profeta, sallallahu alaihi wa sallam. Este viaje, desde Meca hasta Jerusalén, tuvo lugar en una sola noche; fue un viaje en cuerpo y en espíritu en el que el Profeta estuvo en todo momento despierto y consciente, siendo testigo de lo que Allah le enseñó.

En este viaje vio lo que ningún otro hombre ha visto; Allah le mostró lo que le quiso mostrar; fue testigo de las realidades de los reinos de los Cielos y de la Tierra; vio el Árbol del Loto del límite más lejano; vio a Sayiduna Ŷibril, alaihi salam, en su forma real; Allah le mostró el Jardín y le mostró el Fuego, y fue en ese viaje cuando Allah hizo obligatorio el Salat.

Dirigió la oración ante todos los Profetas, como muestra de que Allah le estaba entregando el liderazgo de toda la humanidad, y como muestra de que él, sallallahu alaihi wa sallam, era el sello de todos los Profetas y de que la sharia del Islam era la última de las sharias, la que abrogaba y completaba todas las leyes reveladas anteriormente. Una vez que descendió de los Cielos, montó nuevamente en el Buraq y regresó a Makkah antes del amanecer.

Allah es el Poderoso sobre todas las cosas, y no hay fuerza ni poder que no provengan de Allah.

Oh Allah, te pedimos que nos hagas ser de los que siguen al Mensajero, sallallahu alaihi wa sallam, y que por ello nos des el Jardín.

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Siervos de Allah, ciertamente el viaje del Isra wal Mi’raŷ fue una confirmación para el Profeta Muhámmad, sallallahu alaihi wa sallam, una confirmación por parte de Allah, un apoyo por haberse mantenido paciente y perseverante ante todas las dificultades por las que pasó. Y esto es lo que siempre hace Allah con Sus criaturas, ésta es la sunna de Allah en Su Universo. Hoy nos está poniendo a prueba constantemente. Vivimos en un mundo en el que las pruebas se suceden unas a otras; debemos entonces preguntarnos a nosotros mismos, y siendo muy sinceros a la hora de hacerlo, ¿estamos siendo nosotros pacientes y perseverantes como lo era el Mensajero de Allah o estamos cayendo en la desidia y en la dejadez, en la desesperación y la falta de confianza?

A la mañana siguiente del regreso, el Mensajero de Allah informó a la gente de lo que había sucedido y de lo que había sido testigo en su viaje. Aquellos cuyo Imán aún no estaba fuertemente afirmado en su corazón tuvieron dudas e incluso llegaron a dejar el Din del Islam; otros, los que tenían el Imán fuertemente arraigado se mantuvieron firmes y confiados a su lado. Sus enemigos se burlaron de él, lo tacharon de loco y de mentiroso. Un grupo de ellos fue a ver a Abu Bakr contándole lo que el Mensajero de Allah había narrado, confiando en su buen juicio y en su inteligencia para que tomara este acto como una prueba de la falsedad del Profeta; pero Abu Bakr no titubeó ni un instante, no tuvo ni un segundo de duda; todo lo contrario, dijo: “Si él lo ha dicho, es verdad”. Sin un atisbo de duda, si él lo ha dicho, es cierto.

Esta respuesta de Abu Bakr, alaihi salam, el Siddiq, es una prueba innegable de la confianza que tenía en su compañero, una confianza y una fe que superaba todos los límites imaginables. Este tipo de confianza en el líder, una confianza en la que no hay lugar a dudas, es la confianza que necesitamos nosotros, es la confianza que nos dará fuerza para mantenernos firmes en nuestro camino, para seguir caminando firmes hacia delante, sin dudar, pues la duda le pertenece al Shaytán y la certeza le pertenece a Allah.

Tened temor de Allah, siervos Suyos; aferraos todos juntos a la cuerda de Allah; sabed que Él es el Poderoso sobre todas las cosas, que si Él quiere que algo ocurra le dice: “Sé, y es”. Sabed que Él hizo posible que el Mensajero de Allah viajara en una noche desde Meca hasta Jerusalén, y sabed que Él es el que, si nos ve entregados, confiados, firmes y decididos, nos dará el éxito y la victoria, como se la entregó a su Profeta y Mensajero, al mejor de la creación, Muhámmad, sallallahu alaihi wa sallam.

Oh Allah, Te pedimos que, por nuestra firmeza y confianza, nos hagas reunirnos en el Jardín con el Profeta, sallallahu alaihi wa sallam, y con sus nobles Compañeros.

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