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Allah, no hay más dios que Él

Me acabo de sentar a escribir sin tener muy claro sobre qué hacerlo. Le he dado vueltas y vueltas y no he llegado a nada; entonces he abierto el balcón, para ver si me despejaba un poco, y me ha llegado una especie de melodía de marcha militar, un atronador sonido de trompetas y tambores, realmente estimulante (y que tengo que confesar que me encanta), que custodiaba el paso de una de las Vírgenes que en esta semana se sacan a pasear por nuestra ciudad.

Ante ellos un grupo de nazarenos y unas mujeres vestidas de negro con grandes velas en las manos, cuyo paso era entorpecido por niños pequeños que en cada una de las pausas se acercaban a ellas para que la cera de las velas cayera sobre unas bolas que portaban y que iban haciéndose cada vez más grandes a medida que recogían la cera.

El olor a incienso lo invadía todo. La gente guardaba un respetuoso silencio, los más devotos se acercaban a tocar la estructura en la que iba la Virgen, santiguándose al hacerlo. En una pausa, justo debajo de mi balcón, un espontáneo se arrancó con una saeta que salía de lo mas profundo de su ser en la que alababa al Señor, a Su hijo y la Virgen. Finalizó con un atronador aplauso de todos los presentes. Tras dar la consabida señal y al grito de “al cielo con ella” se ponía en marcha nuevamente la comitiva.

He cerrado el balcón y con el eco de las trompetas y tambores me he vuelto a sentar, con algo rondando mi mente y mi corazón. Ese algo era el Nombre Supremo, el Nombre de Allah. Y he recordado un escrito del gran Ibn Al ‘Arabi que describe a Allah y que me gustaría compartir con vosotros porque el que describe es el verdadero Dios, el Único que merece ser adorado, el que no ha engendrado no ha sido engendrado.

Dice, que Allah esté complacido con él: “Hermanos míos y seres más queridos, ¡que Allah esté complacido con vosotros! Un esclavo pobre y débil, que necesita a Allah en cada frase y en cada mirada, os pide que deis testimonio en su nombre después de pedir a Allah, a Sus ángeles y a quien esté presente de los creyentes y pueda escuchar: os pide que atestigüéis que este esclavo afirma con la palabra y la creencia que:

Allah es uno sin segundo en Su divinidad, sin esposa ni hijo, el Amo sin socio alguno, el Rey sin ministros.

Él es el Hacedor sin ayudante que Le acompañe.

Él existe por Sí mismo sin que necesite a nadie que Le traiga a la existencia. Pero todo lo que hay en la existencia Le necesita para su propia existencia. El universo entero existe gracias a Él y solo Él es descrito como teniendo existencia en Sí mismo.

Su existencia no tiene principio y Su continuidad no tiene fin. Es existencia pura y sin límites.

Él subsiste por Sí mismo, no está basado en una sustancia aislada (ŷawhar) que determinaría un lugar para Él, ni tampoco en algo contingente (‘arad) que imposibilitaría Su continuidad, ni tampoco en un cuerpo que poseería dirección y tendría un opuesto.

Él es puro y está por encima de direcciones y regiones.

Si Él quiere, los ojos y los corazones Le pueden ver.

Él “se asentó en el Trono” (7: 54), tal y como Él dijo; y esto es según el significado que Él quiere. Él es el Primero y el Último.

Él carece de aspecto comprensible y los intelectos no pueden indicarle. El tiempo no Le limita y el lugar no Le disminuye. Él no tenía lugar y ahora Él es como antes era.

Él ha creado lo que está firmemente establecido, lo mismo que todo lugar, y Él originó el tiempo. Dijo Él: “Allah, no hay dios sino Él, el Viviente, el Sustentador(3: 2).

Él está por encima de los acontecimientos temporales que residen en Él, o Él en ellos, o anteriores o posteriores a Él. Se dice: “Él era y no había nada con Él”. “Antes” y “después” son parte de las restricciones del tiempo que Él ha creado.

Él es el Auto sustentador (Qayyum) que no duerme, el Conquistador que no cede. “No hay nada como Él”. (42: 11)

Él creó el Trono y lo convirtió en el límite del asentamiento. Dio origen al Escabel que abarca los cielos y la tierra.

Él es el Encumbrado que creó la Tabla de las Formas y el Cálamo al que, por Su conocimiento, hizo escribir un Libro sobre Su creación hasta el Día de la Separación y la Decisión.

Él produjo el universo entero sin ejemplo precedente. Él creó la creación. ¡Qué excelente es Su creación!

Él hizo descender los espíritus (arwah) en las formas como custodios, y convirtió esas formas, a las que envió los espíritus, en virreyes de la tierra.

Él nos sometió todo lo que hay en los cielos y en la tierra. No hay átomo que se mueva sino de Él y hacia Él.

Él creó todo lo que hay sin necesitarlo ni ha sido obligado por cosa alguna; Su conocimiento precedió Su creación de lo que Él había creado.

“Él es el Primero y el Ultimo, el Manifiesto y el Oculto”. (57: 3). “Él tiene poder sobre todas las cosas”. (11: 4). “El conocimiento de Allah todo lo abarca”. (65: 12). “Él toma en cuenta con detalle cada cosa”. (72: 28). “Él conoce lo secreto y aún más que eso”. (20: 7). “Él conoce los ojos traicioneros y lo que encierran los pechos”. (40: 19) ¿Cómo no va a conocer una cosa si ha sido Él Quien la ha creado? “¿No habría de tener conocimiento Aquel que ha creado y es el Sutil, al que nada se Le oculta?” (67: 14).

Él conocía las cosas antes de que existieran y las trajo a la existencia según un límite que solo Él conoce. Él perfeccionó las cosas con Su conocimiento y por Su conocimiento hace que las gobierne quien Él quiere. Él conoce tanto lo general como lo específico, según el consenso y el acuerdo de la gente de la investigación correcta. Él es “el Conocedor del No-visto y de lo Aparente” (13: 9). “Allah está muy por encima de lo que Le asocian”. (7: 190).

“Tu Señor hace lo que quiere”. (11: 107). Él transforma las cosas en los mundos de la tierra y de los cielos. Su poder no está conectado a cosa alguna hasta que Él así lo desea, y lo desea cuando lo conoce, porque sería imposible, lógicamente, que desease algo que no conoce.

Así pues, en la existencia no hay obediencia o desobediencia, beneficio o pérdida, libre o esclavo, frío o caliente, vida o muerte, logro o abandono, día o noche, ecuanimidad o parcialidad, tierra o mar, par o impar, sustancia o accidente, salud o enfermedad, alegría o tristeza, forma o espíritu, luz u oscuridad, cielo o tierra, obra o abandono, muchos o pocos, rama o raíz, blanco o negro, sueño o vigilia, externo o interno, quieto o móvil, seco o mojado, superficie o núcleo, o cualquiera de estas relaciones opuestas, diferencias y similitudes excepto lo que desea Allah, el Grande.

¿Cómo podría ser de otra manera cuando ha sido Él Quien lo trajo a la existencia? ¿Cómo puede existir lo elegido a no ser porque ha sido querido? No hay forma de impedir Su mandato ni de modificar Su juicio.

“Da el dominio a quien quiere y se lo quita a quien quiere. Y ensalza a quien quiere y humilla a quien quiere”. (3: 26). “Es cierto que Allah extravía a quien quiere y guía a quien quiere”. (35: 8). Lo que Él quiere que sea, es. Lo que Él no quiere que sea, no es.

Si todas las criaturas se juntasen para querer algo que Allah no quiso, no podrían hacerlo de ninguna manera. Lo quieren cuando Él quiere que lo quieran y de no ser así, no lo harían, ni podrían hacerlo ni tendrían poder para hacerlo.

La creencia y la incredulidad, la obediencia y la desobediencia son por Su deseo, sabiduría y voluntad.

El universo no existía, no estaba en la existencia, a pesar de estar fijado en su fuente en el conocimiento.

Y luego, sin reflexión ni pensamiento, Él trajo el universo a la existencia. Y la reflexión y el pensamiento no Le dieron el conocimiento de lo que no sabía. ¡Él es demasiado majestuoso y sublime como para tal cosa! Él trajo el universo a la existencia a partir de un conocimiento previo, y la determinación del deseo puro y pre eterno que exigía lo que contiene el universo en lo que respecta al tiempo y al espacio, seres y colores. La verdad es que en la existencia no hay nada que posea voluntad excepto Él, ya que Él, glorificado sea, dice: “Pero no querréis a menos que Allah quiera” (76: 30).

Conforme Él conoce, así determina. Él desea y así adjudica. Él decreta y trae a la existencia. Él oye y ve todo lo que en la humanidad se dice, se mueve o permanece quieto, desde los mundos más bajos a los más elevados. La distancia no vela Su escucha, porque Él está Cercano. La cercanía no vela Su visión, porque Él está Lejano. Él oye al individuo cuando habla consigo mismo y el sonido del roce más suave. Él ve oscuridad en la oscuridad y agua en el agua. No Le velan la combinación, ni la oscuridad ni la luz. Es cierto que Allah es Quien oye y Quien ve(4: 58).

Él habla, pero no a partir de un silencio previo o una quietud imaginaria, sino con un lenguaje intemporal y pre eterno, tal y como ocurre con Sus atributos: conocimiento, voluntad y poder. Él le habló a Musa, la paz sea con él.

Él lo llamó “Revelación”, los Zabur (Salmos), la Torá y el Inŷil. Carece de letras, voces, notas o lenguajes. Él es el Creador de voces, letras y lenguajes.

Su habla es sin úvula o lenguaje, del mismo modo que Su escucha carece de prólogo auditorio u orejas, Su vista de ojos o párpados, Su deseo sin que exista un corazón, Su conocimiento sin la exigencia o la investigación de las pruebas y Su vida sin la energía del interior del corazón que se produce con la mezcla de elementos. Su Esencia no admite incremento o disminución.

¡Glorificado sea! ¡Glorificado sea! Cercano a lo lejano, inmenso en poder, con una generosidad que todo lo abarca y con un favor enorme. Todo lo que es otro-que-Él surge de Su generosidad, favor y justicia. Él expande y contrae.

Él perfeccionó la confección del universo que Él mismo había originado cuando lo trajo a la existencia. En Su dominio, Él no tiene socio alguno y en Su reino no tiene ayudante.

¡Glorificado sea! ¡No hay hacedor excepto Él! No hay nada que exista por sí mismo o de sí mismo excepto Él. “Allah os ha creado a vosotros y a lo que hacéis” (37: 96). “A Él no se le pedirán explicaciones de lo que hace, pero ellos sí serán preguntados”. (21: 23). “Allah está en posesión de la prueba irrefutable y si quisiera, os guiaría a todos”.

Oh Allah te damos gracias por el regalo del Islam. Amin.

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