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¿En qué creemos?

Preparando el seminario de este domingo en Sevilla, me ha surgido una reflexión que me gustaría compartir con todos vosotros. Pienso que es importante y estoy seguro de que son pocas las ocasiones en las que nos hemos parado a reflexionar sobre ello.

Como todos sabemos, uno de los grandes dones que Allah ha dado al ser humano, y que lo diferencia del resto de las criaturas, es el intelecto, el ‘aql, que usa y emplea para pensar, para recapacitar, para reflexionar, para discernir; lo emplea para, con el permiso de Allah y basándose en lo revelado por Allah, reconocer y diferenciar lo correcto de lo incorrecto.

Las conclusiones a las que llega el intelecto es lo que se llama pensamiento o ideología, y esto es lo que mueve realmente a los seres humanos. Y si esa ideología, o pensamiento, o creencia, llamadlo como queráis, está basada en lo correcto, entonces, sin duda alguna nos llevará hacia lo correcto. Si está basada sobre cimientos firmes, sobre un conocimiento certero que acepta y pone en práctica, ─recordad: creer y llevar a la práctica─ esa ideología, ese conocimiento, esa creencia, le llevará a la felicidad tanto en esta vida como en la Próxima.

Y es que al ser humano, a diferencia de otras muchas criaturas, no se le guía con una cuerda, con unas riendas y un bocado como se guía a los caballos, aunque bueno, hoy en día sí es así en muchos casos, como el de los borregos que siguen la manada y han anulado en sí mismos esa capacidad de reflexionar y de cuestionarse las cosas. Pero lo cierto es que el ser humano tiene un intelecto con el que crea un conjunto de ideas que es lo que realmente guía sus pasos.

Voy a tratar de explicar esto de una manera sencilla con un ejemplo que todos conocemos. El dinero. ¿Tiene en sí mismo el dinero valor, tiene en sí mismo poder, sobretodo el dinero que conocemos hoy en día que es mero papel, el papel moneda? No, no lo tiene, tiene valor y poder porque nosotros, nuestra ideología y creencia nos lleva a darle ese poder, nos lleva a darle esa realidad. Es decir, que el dinero tiene poder porque así lo cree la persona, o lo que creen las naciones o los líderes de las naciones, y entonces eso es lo que termina moviendo a la gente.

Pero si no tienes eso en tu corazón y en tu creencia, entonces no será eso lo que te moverá, lo que determinará todos tus pasos. Lo que ocurre, y ha ocurrido a lo largo de la historia, es que en ocasiones, de forma manifiesta y en otras de forma más sutil, se introduce en las mentes y los intelectos de los seres humanos aspectos que afectan a su ideología y les hacen creer que tal cosa es la que necesitan o que tal asunto es bueno y fundamental para ellos. La forma de protegerse ante esto es volviéndote hacia Allah, confiando en Él y llenando tu corazón de amor hacia Él y hacia Su Mensajero.

Al final, el intelecto, o mejor dicho, la creencia, es, usando un símil tecnológico, la placa base, es lo que hace que todo funcione; sin esa placa base, por muy buenos componentes que le pongas, por mucha ram que le pongas, por un disco duro de mucha capacidad que tenga, no puede funcionar.

Y la prueba más clara de esto la encontramos, como no podía ser de otra manera, en el Corán. Y desgraciadamente, son demasiadas las veces que buscamos las respuestas fuera del Corán, cuando la gran mayoría de respuestas están en él.

El Corán, como todos sabemos, fue revelado a lo largo de 23 años al Mensajero Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam. De esos 23 años, 13 son en Meca y los 10 restantes en Medina. Si tomamos los trece años de Meca, vemos que son muy pocas las leyes reveladas en ese tiempo, leyes que afecten tanto al individuo como a la sociedad, prácticamente ninguna en comparación con los 10 años de Medina. ¿Cuál es pues el mensaje de los 13 años de Meca? Es la creencia, es la corrención de la ‘aqidah, es purificarla y limpiarla de todo aquello que la había empañado. Y todo ello aportando pruebas claras; y Allah lo hizo así para que estos pilares se afianzaran en los corazones y las mentes de los musulmanes. Esto es la base, son los pilares, sin ellos no se puede construir. Y una vez que esto estuvo afianzado en los corazones, mentes y nufus de los creyentes, se completó el magnifico edificio del Islam con todas sus leyes y regulaciones pertinentes.

Y para esto, que es clave, es necesaria una preparación previa para poder llegar a acatar las obligaciones y prohibiciones del Islam. Es necesario primero reconocer a Allah, conocer Su Poder, Su Castigo, Su Recompensa, Su Esencia, Sus Atributos, Sus Actos; conocer Su Misericordia y Su Perdón, conocer que es Único en Su Esencia, en Sus Atributos y en Sus Acciones. Esto es parte de la ‘aqidah; y una vez que has conocido y reconocido todo esto, una vez que tu corazón, y por consiguiente tu intelecto, se ha empapado de ello, podrás ya entrar en el fiqh, en las leyes, en las prohibiciones y obligaciones.

Por eso Sayidatuna ‘Aishah, la madre de los creyentes, que Allah esté complacido con ella, dijo: “Ciertamente de entre lo primero que fue revelado fue la mención del Jardín y del Fuego; y cuando la gente se afianzó en el Islam descenció lo halal y lo haram, ya que si lo primero en descender hubiera sido: “No bebáis vino (cuando decimos vino nos referimos a cualquier embriagante)” la gente habría dicho: “Por Allah que no dejaremos nunca el vino”. Y su hubiera descendido: “No forniquéis, no mantengáis relaciones sexuales fuera del matrimonio”, habrían dicho: “Jamás dejaremos la fornicación”.

La enseñanza es de forma gradual, primero asentar la creencia en los corazones y luego poco a ir subiendo. Tal vez el ejemplo mas claro de esto lo encontramos en la citada prohibición del vino, tres aleyas fueran necesarias para prohibirlo definitivamente, Allah los preparó y cuando estuvieron listos, emitió Su juicio y veredicto.

Esta enseñanza es vital para nosotros hoy en día, sobretodo para los musulmanes en occidente y los que tratamos de transmitir el Din del Islam. Las cosas no pueden ser de golpe, hay que ir tejiendo poco a poco la prenda, hay que construir el edificio paso a paso, no se empieza por el tejado ni por las ventanas, se empieza por los cimientos; y esos cimientos son aquello en lo que creemos, en lo que confiamos y aceptamos, y es lo que luego nos permitirá acatar los mandatos y las prohibiciones. Y Allah le pedimos que purifique nuestros corazones y nos haga tener conocimiento de Él.

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